Victor Perez
Recuerdo la primera vez que vi un poema de Pe´rez. Mi viejo Ibiza habi´a vuelto a dejarme tirado. Yo estaba en el arce´n a pleno sol, apoyado en el morro hirviente del coche mientras esperaba a la gru´a, cuando un poema de Vi´ctor Pe´rez paso´ por el asfalto a toda velocidad, hermoso, de- safiante, poderoso como una esquirla de metralla des- lumbrante. No habi´a visto nada igual en mi vida. Aque- llo no era un poema ma´s entre tantos que circulan por la carretera. Aquel era un poema elegante y brutal, violento y encantador, una combinacio´n exacta de potencia y pe- ricia. Aquel poema era fulgurante como un asteroide en las capas altas de la atmo´sfera o un Ferrari en mitad de la polvorienta meseta. Y adema´s aquel poema -estaba con- vencido, estaba absolutamente convencido- viajaba hacia lugares au´n no descubiertos, y hacia lugares prohibidos, y hacia lugares muertos o todavi´a ni siquiera concebidos.En definitiva aquel poema -bastaba con verlo rodar por la carretera para saberlo- conduci´a brillante hacia lo increi´ble dejando tras de si´ una estela hechizante de sangre y tinta. 10